Blue Flower

 

Inmersos en sus fiestas, nuestros amigos de San Vicente de León nos convocan por segundo año consecutivo a participar en su concurso de olla ferroviaria.
Después de lo bien que nos acogieron el año pasado y de lo bien que lo pasamos, no podíamos declinar la invitación.
Así que escogemos la mejor carne de vacuno, unas buenas patatas y seleccionamos las verduras para enriquecer el guiso. Cargamos los coches y nos disponemos a pasar un buen día.
El viaje lo iniciamos con lluvia, salimos hacia Arenas de Iguña para enfilar la subida hacia San Vicente. El día, aunque gris, nos permite disfrutar de las vistas del valle, destacando el verde de las praderías y de los bosques.
Una vez que llegamos a la plaza, el tiempo nos da una breve tregua para pasear por las calles, que aún duermen, sacar unas fotos y montar la carpa para refugiarnos del aguacero que descargó de modo repentino y que disuadió de quedarse a un par de cocineros. Sólo los más atrevidos nos quedamos a disfrutar de un día que se tornó gris pero amable, sin más lluvia.
Al final quedamos como una familia cocinando y compartiendo buenos momentos.
La organización aportó el carbón para el guiso antes de la hora de encendido para facilitar la tarea. Muchas gracias por vuestro esfuerzo y colaboración.
Poco más tarde de las dos entregamos nuestras catas para su valoración, los seis guisos presentados lograron poner en serios aprietos al jurado por la calidad y la presencia de los mismos.
Tras la cata se desvelaron los nombres de los premiados.
Damos nuestra más sincera enhorabuena a Pascual, que se alzó con el primer premio y a Luis Miguel y Gema, que obtuvieron el segundo premio.
Felicitamos al resto de los participantes, pues todos recibieron su estuche de vino, de parte de la comisión de festejos, como premio a su participación.
Una vez pasadas las emociones, todos, vecinos y olleros, nos reunimos bajo la carpa de fiestas a continuar la celebración para irnos conociendo un poco mejor.
Si ya el año pasado esta localidad nos conquistó por sus paisajes, sus casas y sus gentes, este año continuó enamorándonos.
Amador nos recibió nuevamente de buena mañana con su sonrisa y su amabilidad y volvió a ser el anfitrión ideal. Más tarde Magdalena, al frente de la organización, se encargó, junto a la comisión de fiestas de que estuviéramos cómodos y que no nos faltase nada.
Inmerso en plena Reserva del Saja sobra decir lo espectacular de sus paisajes, sus calles empinadas proporcionan un paseo relajado, sin prisas, para disfrutar de su arquitectura civil de casas de piedra adosadas.
Es el lugar ideal para desconectar completamente del ruido, para disfrutar de un día alejados del móvil y reconectar con la vida, disfrutar de la conversación con los vecinos y recargar la energía.

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Nos vemos en la próxima.