Por fin llegó el tan ansiado día en el que volver a ver a los amigos.
Después de un largo parón, los más jóvenes de casa se reencontraron en torno a las ollas ferroviarias. Los que participaron en la primera edición demostraron lo aprendido y refrescaron y reforzaron lo que ya sabían y, los que iniciaron en este taller, mostraron mucho interés y descubrieron un modo de hacer amigos alejados de la tecnología.
La mañana fue estupenda, con sol y buena temperatura, tuvieron oportunidad de prestar su brazo como cetreros a un precioso búho con los ojos tan abiertos que parecía querer apuntarse al taller. Lo dicho, una jornada para repetir y enmarcar.
Bueno chicos, ya queda menos para que podáis demostrar todo lo aprendido en el taller en el próximo concurso infantil de Pámanes, aunque no tenéis que dejar de practicar, podéis enseñar a vuestros padres y abuelos todo lo que habéis aprendido y ayudarles a guisar.














































