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Nos vamos a Castilla, muy cerca de la cuna de la humanidad nos encontramos con una pequeña localidad llamada Quintanapalla, que se anima a convocar su primer concurso de olla ferroviaria y no quedan desanimados a continuar.
Nos recibe una mañana de suaves temperaturas, soleada, presagio de un excelente día.
Junto al pabellón polideportivo nos dimos cita casi una treintena de olleros llegados desde diferentes puntos de Burgos, Palencia, País Vasco y Cantabria dispuestos a cocinar las mejores alubias rojas con chorizo, panceta y morcilla.
Con la inscripción se nos proporcionó el chorizo, la panceta y la morcilla, de Hermanos González, botella de sidra, delantal conmemorativo y diferentes regalos. Muchas gracias por vuestro esfuerzo y colaboración.
En paralelo al concurso, la Asociación Gastronómica Cultural Deportiva de Atizadores Venteños se encargó de cocinar las alubias para la degustación de olla ferroviaria.
La sesión vermouth estuvo amenizada por la música en vivo y en directo del Dúo Coral.
A las dos de la tarde dió inicio la recogida de las catas para su valoración por parte de un jurado profesional compuesto por diferentes cocineros.
Llega el momento de sentarnos a comer y a disfrutar de la compañía de amigos, familiares y de las nuevas amistades que vamos generando en cada concurso.
Tras la comida degustación se sortearon diferentes regalos y lotes entre los comensales.
Y, por fin, a las cinco de la tarde llega el momento de destapar los números de las ollas ganadoras.
Damos nuestra más sincera enhorabuena a la Peña Las Trasmeranas que se alzaron con el primer y tercer premio y a Iñaki, de Balmaseda, que consiguió el segundo premio.
Carlos Lino, con su máquina de tren, obtuvo el premio a la olla más original.
Y para Burgos, para Frutas Los Brezos, se fue la olla sorteada.
Toñín Mena se encargó de la entrega de premios y de la animación.
La actuación del Dúo Lalabay puso la guinda final al día.
Quintanapalla es una localidad cercana a la N-I regada por el Río Vena, dedicada a la agricultura y a la ganadería y que durante siglos ha hecho caminos. Primero fue el Camino Real de Madrid al País Vasco y a Francia, convertido en el siglo XVIII en una de las seis vías radiales de España y que pasaba por medio de la villa. Sus vecinos vieron pasar cortejos de reyes, turbas de peregrinos, compañías de soldados y divisiones de Napoleón, trajinantes y pastores. Después. el ferrocarril en el s. XIX, facilitando el progreso.
En la década de los años 70 del siglo XX, la Autopista del norte llegó para facilitar las comunicaciones.
Como consecuencia de su condición caminera, en esta villa se dió lugar el encuentro y confirmación de desposorios, el 19 de noviembre de 1679 del rey Carlos II (Ell Hechizado) con doña María Luisa de Borbón.
Fue en 1911 cuando Quintanapalla estuvo en el primer plano de la noticia europea, el aviador Jules Verdines, en el primer vuelo que se realizaba de París a Madrid, se vio obligado a tomar tierra en las eras del pueblo. Los vecinos atendieron al piloto y a su avioneta y gracias su ayuda, al día siguiente Vedrines pudo remontar el vuelo y llegar a Madrid con felicidad.
En la calle Mayor encontramos una fuente medieval con bóveda de medio cañón y tejado a dos aguas con abrevadero y lavadero adosados.
La Iglesia de San Esteban Protomártir, de los siglos XV al XVIII alberga una interesante pila bautismal románica.
Hay muchas razones para visitar esta localidad de casas de piedra y calles abrigadas, su cercanía a la capital y a Atapuerca, cuna de la humanidad, son valores a añadir a la calidez de sus vecinos.
Volveremos a dar un paseo y, como no, esperamos regresar a aromatizar sus calles con un guiso en olla ferroviaria.

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Nos vemos en la próxima.