Seguimos de viaje por el norte de Palencia, en la comarca del Boedo-Ojeda encontramos Herrera de Pisuerga, que nos recibe por tercer año consecutivo a celebrar su concurso de olla ferroviaria.
Bien temprano comenzaron a llegar los primeros olleros desde diferentes puntos de la comunidad, así como de Cantabria y del País Vasco. La ocasión lo merece y hay que encontrar una buena ubicación, tarea sencilla gracias a los soportales de la plaza que nos permiten acomodarnos en un día en el que la previsión es de lluvia.
Iniciamos montando nuestros puestos de trabajo y encendiendo los fuegos con frío y sol, aunque a media mañana hizo acto de presencia la lluvia anunciada, durante la recogida de catas las nubes fueron retirándose para permitir una entrega de premios tranquila y relajada.
La organización aportó las alubias blancas cultivadas en Herrera, previamente remojadas, el chorizo, el tocino y la morcilla, también de Herrera y botella de vino. Con la entrega del plato y número para la cata nos sorprendieron con una bonita mochila conmemorativa. Muchas gracias por vuestro esfuerzo y colaboración.
Nos encanta cuando las organizaciones presumen de sus productos locales y nos hacen entrega de los mismos para que los probemos en el guiso. Hay que saber valorar el producto local, km 0, sinónimo de frescura y calidad.
Como siempre, la jornada estuvo amenizada por buena música y Pablo volvió a cuidarnos entregándonos un rico bocadillo de panceta a media mañana para que las fuerzas no decaigan mientras cuidamos los cocidos.
A partir de la una del mediodía comenzó la entrega de los 68 guisos para su valoración por parte del jurado, compuesto por cocineros de diferentes restaurantes de la zona y simpatizantes de la cocina en olla ferroviaria.
Tras la suma de los puntos se procedió a la entrega de premios.
Agradecemos a la organización que nos ha facilitado la lista con los puntos de los mejores clasificados.
Tras la cata se repartieron los guisos que donaron los cocineros.
Damos nuestra más sincera enhorabuena a Richard, de Palencia, que se alzó con el primer premio; a Waro, de Aguilar de Campoo, que obtuvo el segundo premio y a María Jesús, de Olleros de Elechino, que consiguió el tercer premio.
La mejor olla local la cocinó Juan Carlos.
Regresar a Herrera siempre es motivo de alegría, reencontrarnos con los amigos que aquí dejamos y seguir descubriendo los secretos escondidos entre sus muros y calles nos demuestra la gran historia que tiene.
Conocida como Pisoraca en época romana es la Edad Media la que marca el destino de Herrera, transformándola en un “burgo” amurallado con cuatro puertas: de Santa María, Prado, Aguilar y la Puerta Nueva.
La iglesia parroquial de Santa Ana, data de los primeros años del siglo XV y finaliza su planta con la construcción de la torre en el 1659.
Su casco histórico nos desvela una Plaza Mayor típica castellana con soportales y un buen número de edificios blasonados.
La ermita de Nuestra Señora de la Piedad, situada a las afueras de la localidad es visita obligada por sus pinturas.
En las proximidades del casco urbano a mediados del siglo XX se construye "El Parque", un lugar en el que se puede encontrar una gran variedad de especies arbóreas. En su interior, se ubica un Minizoo de aves (aviario) donde se pueden contemplar especies de aves nacionales y exóticas.
Próximo al Parque se encuentra el Monumento al Cangrejo. La Casa del Cangrejo de Río se crea como refugio del cangrejo autóctono o cangrejo de patas blancas, especie protegida considerada “Vulnerable” en el Catálogo Nacional de Especies Amenazadas.
La confluencia hidráulica hace que la localidad tenga un importante patrimonio pontonero con ejemplos como el puente de San Francisco, el puente Viejo sobre el río Burejo o el Puente de los Dolores, entre otros. El Canal de Castilla cubre un recorrido de unos 5 Km en el término municipal de Herrera, ligado a él se encuentra el Centro de Interpretación del Canal y el Barco Marqués de la Ensenada que salva sus cuatro esclusas.
Por último, mencionar el paso del Camino Lebaniego, en su cuarta etapa, por la localidad.
También es muy reconocida por su industria de embutidos -como las morcillas-, de salazones y conservas y por la hortofrutícola, en la que destacan las alubias. Damos fe de la calidad de sus alubias y de sus morcillas.
Volveremos por Herrera a disfrutar de la amabilidad de sus vecinos y a disfrutar de las innumerables actividades que podemos realizar en familia y con amigos.
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Nos vemos en la próxima.







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