Nos dirigimos hacia el occidente de la región para recalar en Cabezón de la Sal, zona poco explorada por los olleros de la zona de la bahía, pero no por eso con menos tradición.
Hoy nos invitan a participar en su primera concentración de ollas ferroviarias. Prevista en principio para marzo, fue aplazada por inclemencias meteorológicas y, nuevamente, la lluvia hizo acto de presencia.
La organización se esforzó desde que nos apuntamos para que todos estuviéramos cómodos y bien comunicados haciéndonos partícipes de cada determinación con respecto a la ubicación. Finalmente se acordó realizar las ollas bajo la carpa del Conde San Diego, decisión acertadísima, pues a partir de media mañana la lluvia fue persistente.
Una vez colocados nuestros puestos de trabajo comienza la diversión, nos vamos presentando con la ayuda de DJ Ríos, para ir poniendo nombre a las caras.
Antes de comenzar a cocinar se proporcionó un paquete de toallitas desinfectantes a cada cuadrilla para mantener en perfecto estado de revista los utensilios de cocina.
A continuación se repartió la carne de tudanca, 1kg y ½ y las patatas, en igual cantidad, a cada olla. Poco después se entregaron dos barras de pan por olla. La carne fue donada por carnicería Pedro y el pan por Diaz pan. Muchas gracias por vuestro esfuerzo y colaboración.
Llegando el mediodía los cocineros recibimos nuestro premio por asistir, una bonita cuchara de madera conmemorativa.
Todos pudimos disfrutar con el juego de la rana, grandes y pequeños se esforzaron en obtener la mayor puntuación.
Y a las dos y cuarto comenzamos a compartir nuestros guisos con todos los asistentes para afianzar las amistades que se iban generando al son que avanzaban nuestros guisos.
Todo ello acompañado de buena música que une al son del baile.
Quedamos animados a volver y tratar de superar las 28 ollas que nos reunimos hoy.
La villa de Cabezón de la Sal es uno de los pueblos más bonitos de Cantabria. Su patrimonio le avala. Se encuentra en la hoz de Santa Lucía, formada por el río Saja y rodeado por el Parque Natural Saja-Besaya. Al estar entre el mar y la montaña, hay mucho que ver en Cabezón de la Sal y en su entorno natural. Toma su nombre de la actividad principal que ejerció durante siglos: la extracción de sal. Fue lugar de paso en la Ruta de los Foramontanos, uno de los caminos de la primera repoblación de la Castilla altomedieval. Protagonista de importantes ferias ganaderas, desarrolla también una importante actividad industrial en sectores como el textil y el mueble.
A la entrada del pueblo se encuentra un poblado cántabro. Se ha reconstruido un núcleo tradicional de la zona para conocer cómo se vivía aquí desde la Edad de Hierro y la Edad de Bronce.
Ya en el centro histórico de Cabezón de la Sal también hay interesantes construcciones que visitar. La principal es la iglesia de San Martín, un templo barroco montañés del siglo XVII que tiene una pequeña capilla dedicada a la Virgen del Campo, patrona de Cabezón de la Sal. Otras cosas que ver en Cabezón de la Sal es el palacio de Bodega, la ermita de San Roque, el Museo del Calabozo y el parque del Conde de San Diego con la Casa de la Cultura, un espacio perfecto para pasear.
Pero si por algo es conocido Cabezón de la Sal es por su Monumento Natural de las Secuoyas en el monte Cabezón. Este bosque es un espacio protegido que con más de 800 ejemplares de secuoyas de hasta 50 metros de altura.
A solo 2 kilómetros de Cabezón de la Sal, en el vecino pueblo de Carrejo, se puede visitar el Museo Regional de la Naturaleza ubicado dentro del palacio de Gómez de la Torre. Aquí se pueden conocer los ecosistemas de Cantabria, la fauna y la flora gracias a exposiciones interactivas, maquetas, paneles informativos y animales disecados.
Sus atractivos principales, el contacto con la naturaleza en el parque natural del Saja y en Virgen de la Peña.
Sin lugar a dudas la fecha clave para visitar Cabezón de la Sal es el día de su fiesta más destacada, que congrega cada año en la villa a miles de visitantes de toda la región, es el «Día de Cantabria«, a primeros de agosto, dedicado a la exaltación de las costumbres autóctonas y las manifestaciones folclóricas.
Nosotros volveremos a Cabezón a disfrutar de sus gentes, de sus parques, de su increíble naturaleza y, por supuesto, a disfrutar de otro estupendo día de olla ferroviaria.
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